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jueves, 21 de junio de 2007

Debería haber sido una bonita canción, mi primera composición en piano pero ahí se quedó... supongo que la letra la debo conservar.



El dia acaba
tan lleno de ausencia y de ti
que busco tus besos que son como la lava
que despiertan aquello que fui.
Espuma que calaba la orilla,
piel de arcilla,
pétalo de rocío,
tantos sentimientos en desvarío.

Mi mano acaricia el recuerdo
para que llueva tu risa en este desierto.
para sentir a contrapelo ese deseo
de las alas de colibrí su cosquilleo.
Y de ti el aliento
porque me faltas otra vez en el intento.

Soy consciente que mis sueños no se cumplen
que las ilusiones se visten de contraluces
y que nada es como esperaba
nada como yo deseaba

Promesas falsas que ruedan por la espalda
palabras bonitas enterradas en la playa
y yo creí que era ciertas
y esperé con las manos abiertas.

Y ahora queda un roto en el bolsillo
fantasmas en nuestro castillo
una rosa en el camino
y mi corazón en remolino,
incapaz de escapar de su destino.

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lunes, 18 de junio de 2007

Cerrar la puerta y olvidarme del mundo.
Creer que soy capaz de alcanzar el cielo con subir un escalón.
Volar al soplar una pestaña.
Descubrir vida en el rayo que se filtra por la rendija de la persiana.
Burlar las sombras que esparcen pesadillas en mis sueños.
Ser, no lo que imagino, sino lo que quiero ser.
Navegar pensando que un dia fui mar, mar salado.
Dar rienda suelta a mis deseos.
Escribir sin pensar en los demás.
Crecer no a base de palos, sino de besos.
Dar sin esperar nunca recibir nada a cambio.
No intentar llenar los silencios de palabras vanas.
Levantarme por la mañana no queriendo olvidar la noche que he pasado.
Coser las heridas sin que dejen cicatriz.
Beber a sorbo de mis ilusiones.

Encajar el desamor sin sentir que se me va la vida con cada golpe.
Reirme de mi.
Soñar que alguien me comprende con solo mirarme.
Dar y recibir todas las caricias que me he inventado.
Dejar un farolillo en la esquina de mi presente.
Empañar un cristal y dibujar un corazón.
Construir un hivernadero donde protegerme cuando todo vaya mal.
Llenar de espejos la pared para cuando no se sepa quién soy.
No tener miedo de lo que siento.
No necesitar a nadie.
Quererme como sé querer a los demás.
Amar hasta morir, aunque nadie muera por mi.

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viernes, 15 de junio de 2007

Dulces condenas

El sol y la luna vivían condenados a no encontrarse nunca. Cuando uno llegaba el otro se iba, y al revés. La luna siempre se esforzaba para encontrar los momentos en los que coincidir con el sol, cancelaba reuniones con las estrellas, salir de copas con los cometas, o simplemente darse tiempo para reposar flotando en la vía láctea.

Pero para el sol, toda esa situación era diferente. El sol disfrutaba en reflejar sus rayos sobre las pieles de esas chicas camino al autobús, o en alargar las sombras de los almendros en primavera y no pensaba en nada más. El sol era la luz y viajaba a toda velocidad sin perder unos instantes en mirar la vista atrás y reparar en la luna. Y ésta estaba renunciando a tantas cosas por atrapar al sol que sus ojos se oscurecieron y su pelo se tiñió de fría noche y soledad.

La luna echaba tanto de menos los días aquellos antes de que alguien prendiera fuego a la mecha de ese cohete artificial que hizo estallar al universo en mil pedazos, en que sol y luna estaban juntos, y su pelo se agitaba con el viento solar y el tiempo era tan relativo y las distancias tan cortas que casi se confundían sus rayos. Pero la explosión los separó y cabezona en no querer renunciar a todo ese cúmulo de sentimientos, la luna esparcía gotas de rocío sobre las flores con mensajes exclusivos para el sol. Pero apenas nunca obtenía respuesta. Entonces esparcía besos en el mar provocando las mareas para que el sol los recogiera. Tantos y tantos besos...

La luna amaba tanto al sol que al final erronamente se olvidó de brillar por sí misma. Necesitaba sentir que los rayos del sol la abrazaban por detrás para enrojecerse y convertirse en una bola de fuego en el cielo. Se olvidó de que su luz también podía hacer sombra, y que su reflejo en las aguas de los ríos acompañaba cómplice el deseo de los amantes escondidos en la noche.

Quizás por eso la luna es tan solo un satélite, y aunque el sol haya querido poner la tierra de por medio, no puede dejar de girar a su alrededor, en esa dulce-amarga condena en la que se convierte a veces el querer.

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sábado, 9 de junio de 2007

Con el ala rota


Sin sus alas, perdió parte de su corazón, los días fueron volviéndose más oscuros, y las noches más largas. Sin alas y con el corazón herido deambuló perdido mucho tiempo intentando encontrar su lugar en el mundo. Y aunque no estaba solo, así se sentía él, deseando unas alas nuevas, recogió mil plumas nuevas para hacerse unas de nuevas, y aunque no lo consiguió, y gritando libertad entre lágrimas, el colibrí herido dejo de cantar y dejo de buscar su camino y se acostó en un cerezo a esperar que su lugar en el mundo lo encontrara a él.


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