A veces me siento prisionera de mi propia soledad, como si las paredes de mi casa fueran el fin del mundo, como si todo acabara aquí, ahora y en mi mente, mis sueños, mis deseos, todos los besos que me faltan aún por dar... La noche se aposenta encima del cielo que veo oscurecer detrás de la ventana. Los ojos me queman, llevo muchas horas hoy delante del ordenador, y ahora daría todo por un poco de compañía, por un abrazo, por esos besos que nunca se acaban. Me sobra soledad. Tendría que venderla en el mercado, o quizás regalarla, no sé si alguien quisiera comprármela. Seguro que alguien querría ahora estar solo, pero es que es tan diferente querer estar solo a sentirse realmente solo... Cierro los ojos y hago ejercicios de imaginación y vuelo lejos de aquí, de estos nudos que me ahogan la garganta, de este silencio, de este desamor, de las respuestas que me hacen tanto daño.
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