Hoy me he despertado y estando aún en la cama he pensado que debería escribir que hace unos días que parece que haya una calma que me rodea y que todo me es más fácil y acogedor. Pensaba que tenía que escribir que tenía un presentimiento de que algo bueno me iba a suceder, de que las cosas me pueden ir bien, de que puedo pasar días y días sin sentir esa punzada en el corazón y ese nudo en la garganta que tantas veces creo que viven perennemente en mi. Me hubiera gustado escribir que me sentía bien, con fuerzas y con ánimos y que otra vez me sentía dueña de mi destino. Pero no me ha dado tiempo.
A veces creo que cuando pienso que las cosas me van bien sucede algo que lo rompe todo, como si por pensar en un deseo, éste desapareciera de este mundo y del universo, así sin más, como si hubieran cosas que se esfumaran tan solo de pensarlas. Busco el motivo de esta desilusión que me ha invadido hace unos minutos, y me dirijo al mismo epicentro de siempre. Me doy cuenta que a veces me monto una realidad a mi medida como acto reflejo, como si quisiera protegerme de estos mismos momentos, en los que pienso que a lo mejor me será imposible aprender de una vez por todas a controlar mis sentimientos, o al menos que ellos dejen de controlar mi estado de ánimo. Como las alas de las mariposas que hay quien dice que hasta pueden provocar un huracán en el otro extremo del planeta. Así me siento yo. Simples rachas de viento, otra vez lo desordenan todo y es como tener que empezar de nuevo, a desandar todo lo andado. Y todo, porque no puedo controlar las sensaciones que me producen ciertos hechos, ciertas palabras, ciertas despedidas.
Así que hoy no voy a escribir que las cosas me van bien, ni que tengo un presentimiento de que algo bueno me va a suceder. Me limitaré a escribir que las cosas me van como siempre, y dejaré de pensar que algo bueno, me puede suceder.
A veces creo que cuando pienso que las cosas me van bien sucede algo que lo rompe todo, como si por pensar en un deseo, éste desapareciera de este mundo y del universo, así sin más, como si hubieran cosas que se esfumaran tan solo de pensarlas. Busco el motivo de esta desilusión que me ha invadido hace unos minutos, y me dirijo al mismo epicentro de siempre. Me doy cuenta que a veces me monto una realidad a mi medida como acto reflejo, como si quisiera protegerme de estos mismos momentos, en los que pienso que a lo mejor me será imposible aprender de una vez por todas a controlar mis sentimientos, o al menos que ellos dejen de controlar mi estado de ánimo. Como las alas de las mariposas que hay quien dice que hasta pueden provocar un huracán en el otro extremo del planeta. Así me siento yo. Simples rachas de viento, otra vez lo desordenan todo y es como tener que empezar de nuevo, a desandar todo lo andado. Y todo, porque no puedo controlar las sensaciones que me producen ciertos hechos, ciertas palabras, ciertas despedidas.
Así que hoy no voy a escribir que las cosas me van bien, ni que tengo un presentimiento de que algo bueno me va a suceder. Me limitaré a escribir que las cosas me van como siempre, y dejaré de pensar que algo bueno, me puede suceder.
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